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¡Incondicionales! El fenómeno azul de las galerías llenas

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Ser de la U aunque gane. El momento del equipo no es el mejor, pero la familia azul permanece imperturbable. Las cifras del torneo destacan a la hinchada del Romántico Viajero como la mejor del país, y en La Magia Azul "Vamos La U" analizamos este “sentimiento inexplicable” junto a dos estudiosos de las ciencias sociales.

Por Nicolás Hermosilla
11 meses atras

“Ser de la U es seguir al equipo aunque pierda. Aunque lleve veinticinco años sin títulos o esté en Segunda División. Es apoyar después de perder por cuatro goles, o estar seguro de que se puede cambiar un resultado totalmente en contra. Es confiar en las hazañas, porfiar, ser fiel aunque las evidencias digan lo contrario. Es desconfiar del populismo y las élites. Es no tener estadio y creerse local en todos. Es morir con las botas puestas. Es no abandonar el barco. Es el orgullo de seguir una causa, de creer en algo. Es ufanarse del sentimiento más que de las estadísticas. Es seguir al equipo aunque gane”.

Las palabras son de Juan Pablo Meneses, escritor, periodista y, claro está, fanático acérrimo de la Universidad de Chile. Su reflexión, recogida por el libro “Soy de la U”, de Francisco Mouat, responde a la interrogante que a más de algún hincha azul le habrá tocado responder ante el asedio de un contrario: ¿Qué hacemos siendo tan fieles seguidores de este club?

Tal cuestionamiento, dirán algunos, no es descabellado, atendiendo el presente del equipo que dirige Sebastián Beccacece. El DT, ni aún con su acabado conocimiento de la institución y el medio, ni con su título de campeón de América como aval (siendo la mano derecha del entrenador a cargo), logró encausar el rumbo de un plantel evidentemente competitivo, pero que hoy marcha a los tumbos. No hubo pelea por el título, se dijo adiós tempranamente en Copa Libertadores, y ni siquiera hubo un lugar en la liguilla de post temporada. Una temporada terrible.

Pero resulta que cuando se miran las gradas del Estadio Nacional, no parece haber atisbo alguno de que viva una crisis deportiva. Todo lo contrario, la fiesta es total. Prueba de ello son los números que desmenuzan el Torneo de Clausura 2016, y que ubican a la U como el equipo con mayor asistencia de público de local. La estadística es contundente: casi 140 mil hinchas repartidos entre los ocho duelos de local que se han jugado en lo que va de campeonato, arrojando una media de 17.186 asistentes por partido. Ni siquiera Colo Colo, que defendía la corona y lideraba la competencia, ostentó cifras similares (aparece en segundo puesto, con cerca de 20 mil hinchas menos).

Los números no dejan de llamar la atención cuando se analiza el actual escenario del fútbol chileno. Las dirigencias enfrentan la crisis de credibilidad más severa de la que se tenga recuerdo, la violencia en los estadios permanece latente, y la calidad del espectáculo decae de manera preocupante. Como resultado, el público abandonó la cancha, y el campeonato nacional ofrece las peores cifras de asistencia de los últimos años. El promedio general de asistencia por partido ya cae por debajo de los cinco mil espectadores.

Sin embargo, los temporales se suceden, el clima cambia a diestra y siniestra, y el hincha de la U sigue ahí, inamovible e imperturbable, alentando sin condiciones, y probando que el rótulo de “la hinchada más fiel” es mucho más que una consigna vacía; es una realidad. La pregunta es por qué.

 

Sello de familia

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Estudiosos de las ciencias sociales compartieron su análisis de este fenómeno con Revista La Magia Azul “Vamos La U”, buscando desentrañar el misterio que representa la pasión por el equipo del chuncho.

Eduardo Santa Cruz, profesor de la Universidad de Chile y reconocido estudioso de la incidencia del fútbol en la cultura popular, asegura que la fidelidad que exhibe el hincha universitario “le da identidad. Es un discurso reafirmador que va por el lado del sacrificio, y que le da una continuidad en el tiempo. Es decir, yo soy de la U más allá de cómo le vaya, y todo lo que ocurre en términos de resultados, jugadores, entrenadores, es pasajero”, agrega.

Además, el académico también enmarca el fenómeno de la lealtad bullanguera en un contexto político y social: “En una sociedad que explota y trabaja el éxito y el resultado como la única meta en la vida, (la U) prueba que hay un asunto de desprendimiento que está más allá de todo eso. Puede ser un equipo que ni siquiera me da la alegría de verlo ganar, pero yo no estoy pidiendo una retribución en un escenario social económico como el de la sociedad chilena, donde impera la lógica del mercado. Ese discurso identitario, sacrificial, que tiene la U, logra mantener su masividad”.

Daniel Fauré, historiador y otro académico de la Universidad de Chile, también opina del tema y acota que “ante la adversidad, aparece la figura del hincha que siente que puede sacar a la U de ahí. Te dan más ganas de ir cuando se producen estas crisis, porque sientes que hay algo que aportar. La U entiende a la barra como un sujeto importante que tiene opinión e incidencia. Tu labor no es sólo ir a cantar, sino que tomar parte en lo que sucede”

“Todas las barras se sienten especiales y se dicen fieles, pero el hincha de la U tiene ese peso institucional que lo hace distinto”, finaliza.

En efecto, la consigna de lealtad es transversal a todas las barras del país y del mundo. Sin embargo, la U se vive a sí misma de una manera peculiar. Más que en otros clubes, la familia azul va al estadio a reafirmarse identitariamente. Más allá de un partido, se trata de ir a encontrarse, de vivir la experiencia del ‘nosotros’: Ser de la U. Y eso, se parece mucho a una religión. Es un asunto de fe, y no se discute. Lo sientes, o no.

 

Legado de incondicionalidad

Santa Cruz aborda el proceso de cómo se forjó la identidad del bullanguero y explica que el momento clave se vive en la época más dura del club, en los años ’80. “Es un periodo de mucha crisis económica, institucional y deportiva. El equipo estaba intervenido y en las manos de los secuaces de Pinochet. Es un contexto de puro sufrimiento. Habían dos posibilidades: o surgía este discurso de máxima fidelidad o, lo que le pasó a muchos otros clubes, que la hinchada se fue”, señala.

Lo más valioso, es que no se trata sólo del sello de la generación de hinchas que vivió todo ese proceso, sino que se pudo transmitir el discurso a los hinchas que estaban por venir. Así lo asegura Fauré, quien complementa que “los momentos más emocionantes son cuando la U va perdiendo y se debe cantar para dar vuelta el panorama, y ese sentir se traspasó de buena forma a las nuevas generaciones, que no se hacen parte de la dinámica exitista”.

El camarín agradece

El apoyo masivo que ha recibido la U durante este campeonato ha sido tal, que las cifras sólo son superadas por el campeonato de Apertura 2014, en la primera aventura de Martín Lasarte a cargo del equipo, y que terminó con la estrella 17. El éxito, definitivamente, no es el parámetro.

Bien lo saben en el camarín azul, desde donde agradecen la incondicionalidad. “Siempre es importante tener la hinchada de tu lado. Ellos siempre van a estar apoyándonos desde el lugar que estén”, sostuvo en conferencia de prensa Sebastián Martínez.

Matías Rodríguez también se sumó a los alabanzas a la hinchada, y le envió un recado a través de La Magia Azul “Vamos La U”: “Nos sacamos el sombrero por nuestra hinchada, por este momento que no es bueno y ellos siguen alentando. El mensaje es a que sigan confiando en nosotros, que le vamos a regalar una alegría al final de todo esto”.

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